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¿Musculación antes de correr?

¿Musculación antes de correr?

Este es mi último post en el blog DN Running del Diario de Navarra. 

Es una revisión de otro artículo que escribí previamente en mi blog, y que ha resultado ser el más leído (o por lo menos, es el más visitado) de todos los que he escrito.

http://goo.gl/cuVFZf


Hacer ejercicio: ¿moda o necesidad?

Todos en algún momento hemos recibido consejos acerca de los beneficios del ejercicio. Mi impresión, no científica, es que cada vez hay más gente haciendo ejercicio o, por lo menos, preocupada por el tema. Muchos otros huyen de este tipo de recomendaciones o sencillamente, no tienen el tiempo, la voluntad ni la disciplina necesarias. Pero, ¿realmente es tan beneficioso? Y si lo es, ¿qué y cuánto ejercicio hay que hacer? ¿Caminar es ejercicio? Todavía hoy muchos médicos recomiendan dar paseos diarios de 40-60 minutos. ¿Es esto suficiente? ¿Es necesario?

La respuesta a la última pregunta que formulo es un rotundo SÍ. Hacer ejercicio es necesario, tan necesario e importante como no fumar y perder peso. Pero dar paseos quizás no sea suficiente.

Para los escépticos que piensan que el ejercicio es una moda impulsada por las grandes marcas deportivas, existe evidencia científica contundente que prueba claramente que el ejercicio es beneficioso. Además, hay estudios que sugieren que cuanto más ejercicio se haga y cuanto más intenso sea, mayores son los beneficios. En un reciente trabajo publicado en la revista Circulation Journal *, se presenta una revisión de la evidencia científica publicada a lo largo de los años en numerosos estudios previos. Repasemos algunos de estos datos.

Actividad física y riesgo de enfermedad cardiovascular

La enfermedad cardiovascular, sobre todo la enfermedad coronaria, es la causa más frecuente de muerte prematura. Los factores de riesgo están claramente identificados. Los más importantes son la hipercolesterolemia, el tabaco, la hipertensión arterial y los antecedentes familiares. Los antecedentes familiares no se pueden cambiar, pero deben servir como toque de atención al que los tenga. Pero los demás son factores modificables. Y pequeños cambios tienen un impacto grande en el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular y, por lo tanto, en la expectativa de vida.

La actividad física es otra variable que uno puede modificar y que claramente influye en la salud en general, y en el riesgo de muerte prematura por enfermedad cardiovascular en particular. Numerosos trabajos de investigación con miles de sujetos lo han demostrado y confirmado.

Por ejemplo, se sabe que una vida sedentaria aumenta considerablemente el riesgo de padecer hipertensión arterial, diabetes mellitus (otro factor de riesgo importantísimo) y el síndrome metabólico, que no es más que la combinación de obesidad, hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, etc. En otros estudios se ha demostrado que el riesgo de sufrir un infarto de miocardio y de morir por una enfermedad cardiovascular es entre un 20 y un 40% menor en personas que hacen ejercicio de forma habitual, en comparación con personas sedentarias.

Esta reducción en la mortalidad como consecuencia del ejercicio ocurre incluso en personas que ya de por si tienen alto riesgo como, por ejemplo, diabéticos y personas mayores. En personas obesas el ejercicio habitual reduce el riesgo de muerte prematura aun sin perder peso.

Estado de forma

La mayoría de los estudios han valorado la actividad física de los participantes por medio de cuestionarios. Pero hay estudios en los que se ha valorado el estado de forma determinado mediante una prueba de esfuerzo. El estado de forma cardiorrespiratorio (“cardiorespiratory fitness o CRF”) se define como el nivel más alto de METs (equivalentes metabólicos estimados) alcanzado en una prueba cardiopulmonar máxima. Para entendernos, un MET equivale a la energía que consume un individuo sentado sin hacer ejercicio. A veces en lugar de METs se utiliza el consumo de oxígeno máximo (VO2max).

En una prueba de esfuerzo, en la que el individuo corre o pedalea a una velocidad o con una resistencia progresivamente mayor, el consume de energía, expresado en consumo de oxígeno o en METs, aumenta también de forma progresiva. La prueba se prolonga hasta la extenuación de la persona, momento en el que se registra el consumo de oxígeno máximo (VO2max) o el número de METs.

Diversos estudios han demostrado que a  mayor VO2max o METs, menor el riesgo de muerte prematura por enfermedad cardiovascular. Y gracias a este tipo de estudios, se ha podido demostrar que con el entrenamiento se puede reducir el riesgo de muerte. Por ejemplo, en un estudio de más de 9.000 hombres, Blair y colaboradores observaron que en hombres desentrenados que siguieron un programa de entrenamiento aumentando su VO2max, se redujo el riesgo de mortalidad en más de un 50%.

Intensidad del ejercicio

 Tradicionalmente se ha pensado que a partir de cierta edad convenía hacer ejercicio suave en forma de paseos o en bicicleta estática. Pero cada vez hay más datos que sugieren que con intensidades de ejercicio más elevadas los beneficios son mayores. En personas sedentarias, con una intensidad de ejercicio aeróbico moderada, que corresponde a un 50% del consumo de oxígeno máximo (VO2max), se consigue mejorar el estado de forma cardiorrespiratorio de forma significativa. Estas intensidades, e incluso algo mayores, tienen el beneficio añadido de quemar un número mayor de calorías, lo cual ayuda a perder peso, además de otras ventajas. Por ejemplo, se sabe que el ejercicio moderado tiene efectos positivos sobre el colesterol, la utilización de la glucosa, el metabolismo de la grasa y la tensión arterial.

Resumen

En conclusión, el ejercicio habitual se asocia claramente a una mejor salud general y a una reducción del riesgo de muerte prematura por enfermedad cardiovascular, la causa más importante de muerte en la actualidad. Además, redunda en una mejor salud general. Por último, hay un consenso bastante amplio entre expertos acerca de los beneficios mayores que se obtienen cuando el ejercicio se hace de forma habitual y a intensidades moderadas a altas.


Referencias bibliográficas

* Swift DL et al. Physical activity, cardiorespiratory fitness, and exercise training in primary and secondary coronary prevention. Circ J. 2013;77(2):281-92. Epub 2013 Jan 18.

** Blair SN, Kohl HW III, Barlow CE, Paffenbarger RS Jr, Gibbons 79. LW, Macera CA. Changes in physical fitness and all-cause mortality: A prospective study of healthy and unhealthy men. JAMA 1995; 273: 1093 – 1098.


Valoración Médica Deportiva: ¿En qué consiste?

Valoración Médica Deportiva

En el artículo anterior he presentado en sociedad un nuevo Área de Medicina Deportiva de la Clínica Universidad de Navarra, y he explicado la importancia de una valoración médica antes de iniciarse en la práctica de un deporte. Esto puede extenderse a personas que ya están habituadas a hacer ejercicio pero que tienen determinados factores de riesgo:


  • Edad (35 años o más)
  • Sobrepeso
  • Antecedente de hábito tabáquico
  • Diabetes
  • Antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular o de diabetes
  • Hipertensión arterial
  • Hipercolesterolemia

Y en situaciones especiales puede ser interesante hacer una valoración médica en individuos que hacen deporte de forma habitual pero que han notado una disminución en su rendimiento habitual. A continuación explicaré en qué consiste una valoración general. Luego concretaré detalles en relación con situaciones especiales.


Valoración Básica


En cualquier valoración médica para una persona que va a iniciarse en la práctica de un deporte, o para una persona con factores de riesgo cardiovasculares que ya hace ejercicio de forma habitual, lo más importante es asegurarse de que el corazón está sano y que no corre peligro con el estrés fisiológico que supone el ejercicio. Para ello hay 3 pruebas clave:


  • Electrocardiograma
  • Ecocardiograma
  • Prueba de estrés o de esfuerzo

El electrocardiograma o electro, como lo conocemos en el argot médico, nos proporciona información acerca de los sistemas de conducción eléctrica del corazón y nos permite saber si ha habido un infarto previo o si hay una alteración del ritmo. 

El ecocardiograma nos da información acerca de la función del corazón. Nos dice si el ventrículo bombea el volumen de sangre adecuado, si hay partes del corazón dañadas por infartos, etc. Pero también nos da información sobre el estado del corazón desde el punto de vista del ejercicio. Después de un periodo de tiempo de entrenamiento, el ecocardiograma nos da información acerca del desarrollo del músculo del corazón en respuesta al ejercicio. nos puede llegar a decir si eel deportista está entrenando de forma adecuada o no.

Por último está la prueba de esfuerzo (prueba de estrés). Esta se puede hacer en bicicleta, en cinta rodante o, incluso, sin ejercicio, con la inyección de un medicamento que acelera el corazón simulando un estrés por ejercicio. Este tipo de prueba se hará sólo en los casos en los que la sospecha de enfermedad coronaria sea importante. 

Una vez confirmado que no hay riesgo cardiovascular para hacer ejercicio, las pruebas para completar una valoración médica serán:
  • Prueba cardiopulmonar de esfuerzo (en ocasiones es igual a la prueba de estrés descrita anteriormente)
  • Pruebas de fuerza muscular 
  • Pruebas de flexibilidad


Prueba cardiopulmonar de esfuerzo


Es, sin duda, la prueba más importante en la valoración de un deportista. Dependiendo del tipo de ejercicio predominante que haga el individuo, la prueba se hará en bicicleta estática o en cinta rodante. En casos especiales se puede hacer una prueba específica con equipamientos portátiles para nadadores, remeros, etc. Pero el objetivo del estudio es idéntico en todos los casos. 

Se programa un ejercicio progresivamente más fuerte, es decir de más velocidad en la cinta, o de mayor resistencia en la bicicleta, hasta la extenuación. Durante la prueba se mide el consumo de oxígeno y la producción de CO2, se monitoriza el ritmo cardiaco y se mide la concentración de ácido láctico en sangre de forma periódica (por ejemplo, cada 2 minutos). También se toma la tensión arterial y se determinan los flujos de aire por la vías respiratorias. 

Todas estas determinaciones y mediciones nos permiten valorar el estado de forma de un individuo y,  en el caso de que haya una limitación patológica al ejercicio, nos permiten saber si esta limitación es de origen cardiaco, respiratorio,  muscular, o si es debido al "síndrome de sobrentrenamiento". 

Si no hay limitación patológica al ejercicio, la prueba cardiopulmonar de esfuerzo proporciona información crucial acerca del nivel de esfuerzo (en consumo de oxígeno) y de la frecuencia cardiaca en que se alcanza el umbral anaeróbico. Este dato es muy importante a la hora de diseñar programas de entrenamiento para mejorar el rendimiento. También es importante para las personas que buscan perder peso y quemar más grasas, y no tanto el mejorar su rendimiento en pruebas deportivas.



Valoración Deportiva

Tras un periodo de silencio por motivos profesionales, retomo el blog con más ganas aún que antes. La razón de mi silencio ha sido la falta de tiempo por estar dedicado a la creación de un nuevo Área de Medicina Deportiva en la Clínica Universidad de Navarra junto con el Dr Federico Villagra, especialista en Fisiología del Ejercicio. Nuestro objetivo es ofrecer de una forma profesional y organizada, un Servicio en el que puedan ser valorados desde un punto de vista multidisciplinar deportistas de todos los niveles.

Valoración médica deportiva

¿es necesaria?

En mi opinión sí es importante, sobre todo para los que piensan iniciarse en la práctica de un deporte por primera vez. Obviamente la edad del individuo es importante. No estamos hablando del crío o el joven de 20 años que hace deporte. Eso es natural y lo único que hay que hacer es promoverlo. Hablamos de personas de mediana edad o más (40, 45, 50, etc)  que deciden empezar a hacer ejercicio por motivos diversos. A lo largo de nuestras vidas se acumulan los factores de riesgo cardiovasculares, muchas veces sin saberlo. El que fuma sabe que está sometido a un factor de riesgo, aunque suele ignorarlo, pero no todo el mundo sabe que tiene el colesterol alto o sabe que el hecho de que en su familia haya habido infartos de miocardio es determinante en su riesgo cardiovascular. 


En personas con factores de riesgo, las arterias coronarias se van cerrando paulatinamente sin producir síntoma alguno.  Iniciarse en un deporte en estas circunstancias es extremadamente peligroso puesto que se puede provocar el infarto agudo.

Otras personas están haciendo ejercicio de forma habitual, pero no saben que es importante saber a qué frecuencia cardiaca y a qué intensidad hay que ejercitar para obtener un beneficio. Por ejemplo, si queremos quemar grasa, hacer ejercicio intenso en la bicicleta durante media hora puede ser menos efectivo que hacer ejercicio a un ritmo más bajo durante más tiempo. Si lo que se busca es una mejora en la forma física para correr una media maratón o una carrera ciclista, puede ser mejor hacer ejercicio con intervalos intensos pero cortos seguidos de unos minutos de ritmo bajo. 

Una valoración deportiva debe incluir pruebas que ayuden a descartar enfermedad coronaria (electrocardiograma, ecocardiograma, análisis de sangre, etc) y una prueba cardiopulmonar de esfuerzo en bicicleta o en cinta rodante. En esta prueba se somete al sujeto a un esfuerzo progresivamente mayor hasta llegar a la extenuación. Durante la prueba podemos medir una serie de variables como el consumo de oxígeno máximo (VO2max), el umbral láctico, el umbral aeróbico, la frecuencia cardiaca, etc. Una vez obtenidas estas variables, se puede saber exactamente a qué frecuencia cardiaca se encuentra el umbral láctico (o anaeróbico), y este umbral sirve para determinar los rangos de frecuencia cardiaca recomendables para el entrenamiento beneficioso. Estas pruebas nos permiten diseñar programas de ejercicio específicos según el objetivo de la persona, desde perder peso hasta mejorar tiempos en una maratón.

Por último, un Área de Medicina Deportiva como el que hemos abierto en la Clínica Universidad de Navarra (y pido disculpas por la autopromoción), también tiene como objetivos importantes antender todo tipo de lesiones relacionadas con el deporte y asesorar en su prevención. 






Perder Peso: ¿dieta, ejercicio o ambos?

Sólo existe un secreto para perder peso. Hay que quemar más calorías de las que se ingieren. Esto se conoce como Balance de Energía Negativo. Y sólo hay dos formas de conseguirlo:

Dieta: reducir la ingesta

Ejercicio: aumentar el gasto


Es rara la persona con sobrepeso que no haya hecho alguna dieta en su vida, y lo más probable es que haya intentado varias. En general el resultado suele ser bueno al principio, pero tras unas semanas se deja de perder peso al mismo ritmo pese a mantener la dieta, y aparecen las dudas y las debilidades. Un problema asociado a las dietas es que, según se pierde peso, disminuye el gasto energético en reposo, lo que se conoce más popularmente como el metabolismo basal. Esto tiene una explicación fisiológica muy sencilla. El cuerpo detecta que está perdiendo masa y activa mecanismos de defensa para evitar perder más. Es decir, la pérdida de peso se interpreta como una señal de alarma, y la sala de máquinas disminuye el trabajo para ahorrar energía.

Un estudio que se llevó a cabo en el año 2000 en la Escuela de Educación Física y de la Salud de la Universidad de Queens, en Kingston, Canadá *, aporta una solución que, por otra parte, es bastante lógica: combinar dieta con ejercicio. Los investigadores dividieron a 100 varones en 4 grupos y compararon 4 estrategias diferentes entre sí a lo largo de 12 semanas:

Grupo 1: Dieta alimentaria sin ejercicio, reduciendo la ingesta en 700 kcal al día.
Grupo 2: Ejercicio sin dieta, aumentando el gasto en 700 kcal al día.
Grupo 3: Ejercicio sin control sobre la dieta.
Grupo 4: Grupo control que siguió comiendo lo mismo y continuó con una vida sedentaria.

El ejercicio consistió en sesiones aeróbicas (caminar rápido o bicicleta estática) diarias de una hora de duración. Es decir, no es un plan fácil para cualquiera. En cualquier caso, los resultados fueron muy llamativos:

  • Las dos estrategias de pérdida de peso, dieta (grupo 1) y ejercicio (grupo 2), resultaron en pérdidas similares y significativas tanto de peso, como de perímetro abdominal (entre 6 y 7 kg de peso, y 6-7 cm de perímetro abdominal).
  • En el grupo de ejercicio se perdió una media de 6,1 kg de grasa, algo más que en el grupo de dieta en el que se perdió una media de 4,8 kg de grasa. En ninguno de los otros dos grupos se perdió peso, pero en el de ejercicio sin dieta (grupo 3) sí que se perdió grasa. Esto último demuestra que hacer ejercicio, aún sin perder peso, es positivo para la salud.
  • En ambos grupos de pérdida de peso se perdió la misma cantidad de grasa visceral, es decir, la que se encuentra entre los órganos del cuerpo, y fue mayor la pérdida de ésta que la pérdida de grasa subcutánea, menos peligrosa.  Es la grasa visceral la que se asocia a enfermedades como la diabetes o el infarto de miocardio.
  • En ambos grupos de adelgazamiento (1 y 2) se produjo una mejoría en los índices de resistencia a la insulina, lo cual sugiere que la pérdida de grasa abdominal y visceral se asocia en una mejoría del metabolismo de la glucosa. La obesidad se asocia a resistencia a la insulina y la Diabetes Mellitus tipo II.

Como era de esperar, en los grupos 1 y 2 disminuyó el metabolismo basal al final de las 12 semanas, lo cual no ocurrió en el grupo 3 ni, obviamente, en el grupo 4. No obstante, en el grupo 2, el ejercicio compensa la disminución del metabolismo basal consiguiéndose una perdida de peso mayor. Un hallazgo muy interesante en este sentido es que en el grupo 3, el ejercicio sin dieta dió lugar a un aumento del metabolismo basal. Es decir, una vez alcanzado el objetivo de peso, es importante continuar haciendo ejercicio de forma indefinida, lo cual ayudará a mantener el peso en los niveles deseados.

En definitiva, este estudio demuestra que asociando un programa de ejercicio a una dieta de adelgazamiento se consigue una mayor pérdida de peso y de grasa, sobre todo grasa visceral. Y aunque este estudio utiliza un programa de ejercicio poco realista para la mayoría, estos resultados pueden conseguirse con un programa menos ambicioso que consista, por ejemplo, en sesiones 3-4 días a la semana.



* Robert Ross, PhD et al. Reduction in Obesity and Related Comorbid Conditions after Diet-Induced Weight Loss or Exercise-Induced Weight Loss in Men. Ann Intern Med. 2000;133:92-103

Dietas de adelgazamiento. ¿Cuál es mejor?


Dietas



La última moda en dietas es el método del Dr. Dukan, o Dunkan como dicen muchos, y es tan popular que es probable que conozca a alguien que lo sigue o que lo haya seguido.  Tiene tantos detractores como usuarios y, como ocurre con todas las dietas, ha generado grandes debates. Un endocrinólogo amigo mío dice que es otra forma de suicidarse. Pero conozco especialistas que la recomiendan a sus pacientes. La dieta consiste en eliminar prácticamente por completo los hidratos de carbono, por lo menos en la fase inicial que Dukan llama fase de ataque, y aumentar considerablemente el porcentaje de proteínas. Muchos dudan de su seguridad, tema que trataré más adelante.

Tradicionalmente se ha recomendado, y sigue siendo el caso, que las dietas para perder peso se basaran en una reducción en la ingesta grasas. Pero en el año 1972, el Dr. Robert C. Atkins, cardiólogo, publicó su famoso libro: “Dr. Atkin’s New Diet Revolution”. Esta dieta rompe con la recomendación tradicional y da más importancia a la reducción de los hidratos de carbono a un 10% del total de calorías. Encuestas en los EE.UU. sugieren que el 35% de las personas que han intentando perder peso en las últimas décadas siguieron la dieta Atkins. En definitiva las dietas Atkins y Dukan son similares, aunque esta última, también conocida como la Atkins francesa, es más restrictiva con los hidratos de carbono y más hiperproteica. Una de las ventajas de estas dos dietas es que las proteínas estimulan la saciedad más que cualquier otro componente de la alimentación, por lo que la sensación de hambre entre comidas es menor.

La dieta Montignac y la dieta disociada se basan en la eliminación de ciertas fuentes de hidratos de carbono con alto índice glucémico y en la mezcla adecuada de los alimentos. Por ejemplo, se desaconseja la ingesta de alimentos que contengan almidón, como las pastas, arroces y harinas. El almidón es la fuente de hidratos de carbono con el índice glucémico más elevado, lo cual quiere decir que es el que más estimula la secreción de insulina. La insulina permite a las células utilizar la glucosa que se deriva de los hidratos de carbono, pero también facilita el almacenamiento de las grasas que se ingieren en el tejido adiposo. El objetivo de estas dietas es evitar la mezcla de grasas con hidratos de carbono de alto índice glucémico, y además, sustituir éstos por alimentos con bajo índice glucémico (pan y pasta integrales, cereales integrales , etc).

Por lo tanto hay 3 tipos de dietas:

  • Dieta con porcentaje bajo en grasas (dieta tradicional).
  • Dietas con porcentaje bajo en carbohidratos, sobre todo los de alto índice glucémico (Montignac, dieta disociada). 
  • Dietas con porcentaje MUY bajo en carbohidratos (Atkins, Dukan).

¿Qué dice la ciencia sobre estas dietas? Durante muchos años se ha debatido acerca de la seguridad y de los peligros de cada estrategia, entre otras razones porque hasta hace muy poco no había estudios comparativos publicados. Pero en los últimos 5 años se han publicado varios estudios que despejan muchas de las dudas planteadas aunque, como ocurre siempre en la investigación científica, también han dado lugar a más preguntas que requieren más investigación.

Una de las mayores preocupaciones es que las dietas ricas en proteínas pudiesen dar lugar a alteraciones metabólicas que, independientemente del peso perdido, aumentarían el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Pues bien, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Arizona State por Johnston y colaboradores (1) demuestra que no sólo no es así, sino que además mejoran ciertos parámetros como el colesterol y la tensión arterial.

Un estudio muy interesante de Gardner (2), de la Universidad de Stanford, comparó los efectos de 4 dietas diferentes que representan el rango completo de posibilidades descrito anteriormente:

  • dieta Atkins (porcentaje de carbohidratos MUY BAJO)
  • dieta ZONE (porcentaje de carbohidratos BAJO) 
  • dieta LEARN o tradicional (porcentaje de grasas BAJO y de carbohidratos ALTO)
  • dieta Ornish (porcentaje de carbohidratos MUY ALTO)  

Los resultados son muy interesantes:

  • La dieta Atkins es con la que se consiguió la mayor disminución de peso y de grasa corporal. 

  • El colesterol HDL (colesterol “bueno”) aumentó con todas las dietas excepto la Ornish, y el aumento fue mayor con la dieta Atkins.

  • La dieta Ornish resultó en la mayor disminución del colesterol LDL (colesterol “malo”), apenas disminuyendo con las otras tres.

  • La dieta Atkins resultó en el mayor descenso de la tensión arterial.

  • A los 12 meses de iniciado el estudio, las diferencias entre las dietas se mantuvieron.

Quizás el problema más común con el que nos encontramos al perder peso es la dificultad de mantener la pérdida. Esto ocurre por varias razones entre las que cabe destacar la falta de disciplina. Pero hay razones metabólicas. Se sabe que con ciertas dietas disminuye el gasto energético en reposo, o lo que comúnmente se conoce como el “metabolismo”, con la consiguiente reducción en el número de calorías utilizadas. 

Unos investigadores de la Universidad de Harvard (3) llevaron a cabo un estudio en el que compararon 3 dietas (dieta baja en grasas, dieta de bajo índice glucémico y dieta baja en carbohidratos) en adolescentes con sobrepeso, y midieron el gasto energético en reposo y el gasto energético total (incluye todo el gasto a lo largo de 24 horas). Curiosamente, el gasto energético en reposo y el gasto total disminuyeron el máximo en la dieta baja en grasas (equivalente a la tradicional), de forma moderada en la dieta de bajo índice glucémico (equivalente a la dietas Montignac y disociada), y apenas disminuyeron en la dieta muy pobre en carbohidratos (equivalente a las dietas Atkins y Dukan). La diferencia entre estas y la dieta tradicional en gasto total fue de 300 Kcal., el equivalente a una hora de ejercicio moderado al día.

En definitiva, se desprende de estos y otros estudios que las dietas pobres en carbohidratos y ricas en proteínas no son tan peligrosas como cabría pensar, y además resultan en una mayor reducción de peso que las tradicionales dietas pobres en grasas. La dieta disociada y la de Montignac son también más efectivas que la dieta tradicional y quizás tengan la ventaja de que son más fáciles de seguir. Lo que no se puede extraer de estos estudios es ninguna conclusión acerca de su seguridad a largo plazo. Y por supuesto, cualquier dieta debe seguirse con supervisión médica porque las respuestas metabólicas individuales son impredecibles.

En otro artículo hablaré sobre la conveniencia o no de hacer ejercicio para perder peso.


Bibliografía

1.  Johnston, C. S. et al. High-protein, low-fat diets are effective for weight loss and favorably alter biomarkers in healthy adults. The Journal of Nutrition 2003; 134:586-591

2. Gardner, C.D. et al. Comparison of the Atkins, Zone, Ornish, and LEARN diets for change in weight and related risk factors among overweight premenopausal women: the A TO Z Weight Loss Study: a randomized trial. JAMA 2007; 297:969-977

3. Ebbeling, C.B. et al. Effects of dietary composition on energy expenditure during weight-loss maintenance. JAMA 2012; 307:2627-2634.